
Pídeme perdón
¿Qué hago ahora?
Estoy aquí de pie, en un suelo cuarteado en el cual me
estoy escurriendo.
​
Taquicardia. Siento el corazón violento; palpitante,
​
y no quiero esta angustia.
Dentro voy lloviendo, y no pido ayuda, pues no sé cómo.
Dejo un camino mojado de arrepentimientos y de palabras
no dichas, porque no puedo.
​
Solo quiero,
y quiero,
quiero…
que me quieras,
como te quiero.
Problemas migajeros
Decidí cambiarme el cuerpo.
​
Por uno torpe y tosco,
enmarcado de venas palpitantes que engrose tu atención.
Me llenaré la piel de garabatos burdos que te asalten
risas, porque mis palabras ya no penetran en tu ser.
​
Tendré que fraccionarme este amor,
esconderlo entre la tierra,
afilar mi indiferencia,
para atraparte el tiempo.
​
Me dejaré de libros y poemas
y buscaré vago el ocio y la causalidad.
​
Te esparciré pedazos de vacío, migajas de boronas,
​
ecos de un murmullo…
El soplo nulo que existe en una mirada
porque solamente si me extiendo el maltrato
y me cambio el cuerpo
podré entonces sacarte amor.
Vejez
¡Qué pesada es la vida!
¡Qué pesada es la vida!
​
Cada día mi esfuerzo me sabe nulo.
Las horas me huyen ruidosas
y desaparecen insensibles.
​
Se despiden entre la arruga de mi entrecejo que crece a su
paso
y de ella sale un murmullo constate y picudo
que me rasca el tiempo.

