

María Abarca
(Mendoza, Argentina) Es profesora de Lengua y Literatura, y Licenciada en Letras. Ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales. También ha participado en revistas y antologías en República Dominicana e Indonesia. Su poemario La manía de la albahaca por hablar sola fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía Pro Arte, Homenaje a Gabriela Mistral y su libro de cuentos Fobos o Las Mieles de la Locura recibió el Premio Féminas Rebeldes.
Tiempos modernos
Primer Premio IV Concurso Internacional CERBA de microrrelatos, Jerez, España, bajo el tema de Vendimia y Ratonero Bodeguero Andaluz. Fue leído por primera vez en los Claustros de Santo Domingo (Jerez de la Frontera), en el marco de las fiestas de la Vendimia del Exmo Ayuntamiento de Jerez.
Cuando comencé con este trabajo, debo asumirlo, la hostilidad tácita con los felinos alcanzó su peor momento. Algunos de mis parientes, con orgullo, eran policías o lazarillos. Así que, cuando le comenté a mi familia sobre la primera entrevista de trabajo, no se mostraron muy convencidos. Estábamos almorzando, recuerdo.
—-¿En dónde vas a trabajar, hijo? —preguntó, desconfiado, mi padre.
—En una bodega—aclaré.
—Pero ¿qué harás allí? —insistió.
La desilusión se advertía a través de sus ojos negros y yo sentí que, con la siguiente respuesta, terminaría por decepcionarlo.
—¡Seré un cazador de ratones!—confesé, sintiendo los latidos de mi corazón acelerarse.
Mi padre, de fuertes valores tradicionales, no me respondió y, aunque quiso romper en un llanto absurdo, fue consolado por mi madre.
—Mi hijo, un cazador de ratones. ¡Un gato! —sollozó.
Los tiempos habían cambiado. Ahora, éramos los ratoneros bodegueros andaluces, quienes hacíamos el trabajo de los gatos.
De la extraña confusión de don Quijote en las costas andaluzas
Primer Premio IX Certamen Internacional Alborán de Microrrelatos, otorgado por “Los amigos de la barca de Jábega” y “Cuadernos del Rebalaje”. Leído por primera vez como parte de los festejos del Solsticio de Verano, al lado de la Torre de las Palomas, frente al Mar Alborán, en Málaga, España.
Vencido andaba don Quijote cuando, de lejos, vio cómo el crepúsculo se
cernía sobre un mar nunca antes visto.
—No te digo, Sancho, que, de tanto andar, hemos llegado a la misma eternidad. Es evidente que esto es el cielo y que nosotros estamos muertos. No soy buen entendedor del más allá pero ¿no te he dicho yo que a los buenos caballeros se los honra con la paz? De más está decir que otra cosa honrada es el amor, pero este me lo ha dado Dulcinea.
—Disculpe, señor, —respondió—pero no creo que estemos muertos ni que Dulcinea le haya dado amor en ningún momento.
—¡Habla con respeto, Sancho, cuanto te refieras a mi señora! —dijo don Quijote y apeándose de Rocinante se acercó a la orilla del Alborán, donde sus dedos tocaron el agua.
—Nunca pensé que la muerte fuera tan fría—reflexionó—. Pero, ¡mira quién nos recibe, Sancho! Debe ser el licenciado que nos dará la potestad para ir con Dios.
Luego, se dirigió a una embarcación con los ojos pintados en la proa. La
saludó cortésmente y preguntó dónde registrarse, pero no obtuvo respuesta.
Ayuno intermitente
Primer Premio Certamen Internacional de Microrrelatos de Radio TV Lavapiés (Barrio Lavapiés, Madrid) en su XXXVIII edición.
Estaba haciendo dieta desde hace tres semanas y esa noche se había acostado con hambre. La misma falta de nutrientes la llevó a soñar incoherencias en su más alta expresión. Soñó que era madre de mellizos, que al fin había podido cumplir su sueño de dar a luz pero, cuando los recibió, vio que no eran seres humanos: ¡eran dos torrijas! Una al horno y otra frita.
La locura del hambre no se detuvo ahí, sino que siguió: se preparó un café y se dispuso a comerse ¡a sus propios hijos! Y así fue, se comió ambas torrijas y no solo eso, le gustó más la que estaba frita.
Cuando despertó, aún tenía el sabor crujiente de su propia maternidad.
Amor invertebrado
Primer Premio Concurso Internacional de cuentos de amor y ¿desamor? Organizado por Establo de Letras (Santiago de Chile).
Santateresa, una mantis antropomórfica de tres meses, cuyos antepasados se habían sometido a la hormonización a partir de los ecdiesteroides de la mantis springbok, había descubierto una reproducción asexual que la hacía perfecta, pero que no la satisfacía: ella quería enamorarse, quería encontrar un macho que la cortejara y luego, como lo imponía su instinto, comérselo.
Una noche, en la enredadera de un jazmín de lluvia cubierta por rocío, lo vio. No supo su nombre, seguramente Mamboretá, como todos. Estaba cazando una langosta y allí fue Santateresa. Primero, como en una cena romántica, comió de la presa, no sin antes inmovilizar a su reciente pareja que, obediente y sumisa, aceptó la condena.
Sin embargo, y luego del breve apareamiento, quiso pelear en vano, aunque ella era más fuerte y más grande.
Lo degolló y comenzó a masticarlo desde la cabeza cuando aún seguía vivo.
Pensó que así era el amor.