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Esto es enero infinito multi,

cigarrillos chinos
metálicos
etéreos
sabor crema,
colores: violeta, azul, rojo, plateado.
Es facilísimo deslizarse
como un c
ocktail
- que nunca probé.
Promesa de eternidad: cama de hotel,
uñas
nail art,
un rosa imposible,
mimitos con una pluma bien delgadita,
no dan cosquillas sino
risitas de una chica joven e insegura incómoda,
pero que a todos les gusta oír.

Sparkle like frosting ice
en mi coche.
Beba no seas boluda, ya estás grande
para seguir con lo que viene de afuera.

Para siempre te vamos a extrañar,
Purpurina Escolar.

Un escenario en Kyoto

siempre que me lo pidieron nunca fallé.
55078796,
me acordé de vos con algo pelotudo que dijeron en la tele.
Te extraño.
Floto en las letras,
escribo como si tuviese muchos nudos en el pelo.
Luego,
las calles de Kioto;
tu cereza confitada a kilómetros.
Me dejaste un telegrama;
llegué temprano.
Ridícula - mal abotonada,
te dejé un poema en mi contestador.
En aquella época usaste camisa para conocerme
y no te avisaba lo del contestador;
me duelen tus caries. Anda a revisarte
dame las gracias luego,
me lo devolves con otra cosa - exigiste.
Maquillada, maquillada,
restos de comida japonesa,
estamos en Buenos Aires.
A través de mí
no dejas de ver una actriz
mejor que yo,
de esas que te ponen trampitas
y te gusta. Te quedas mirando
como a todos los botones en una cabina de avión.

Coreografía del desastre

y me despido,
estimado caos orquestado
de este desastre que se arma y se desarma,
siempre
de los tacones que resuenan lejano de una cuadra en adelante - mujeres arregladas, paquetas
o desalineadas...sí o sí fumadoras.
Me despido
del beso que me das bien borracha y
las monedas que nunca entregué.

Chau chau a los tarados que trajeados caminan de manera ridícula
y llevan sus mochilas bien pegadas a la espalda.
Me saco un re peso de encima, sin más quiosqueros, porteros, vendedores de diario que me
guiñan los ojos.
Caigo en picada sin vos, mi amor,
sin tu forma de pensarme.
Si mi viejo los viera nomás...
Me recuerdo fanática, me aprendía
los nombres de tus calles.
Poquito a poquito las olvidaré,
como te deshiciste de mí,
y el orden
de los lugares,
no será orden,
sino una coreografía desastrosa
que voy a intentar imitar.
Sola así es como te desarmo,
recordando cuando nos vimos por primera vez.
¿No te das cuenta que sos vos en realidad
quien me tacha la doble,
quien no me tiende más las sábanas,

quien no me entretiene más en el subte?

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Fátima Giambroni

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Fatima Maria Giambroni (Olivos, Buenos Aires 2003). Estudiante del último año de Gestión e Historia de las Artes. Participa en el taller de Lourdes Etchegaray y realizó una clínica con Claudio Iglesias. Escribe un Substack anónimo de crítica contemporánea y trabaja en la galería Departamento 112, donde colabora en un médium literario. Publicó en 2025, y ha sido seleccionada para Curaduría 2.0 (La Escuelita). Debutará como curadora en mayo de 2026 e investiga archivos históricos, crítica de arte y poesía.

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